Cultura Barcelona  21 jun 2021 Menu usuario

MI VIAJE A MARTE

El año pasado conocí­ a un grupo de gente con los que organicé un viaje a Marte. A través de una página web para hacer amigos, descubrí­ a los que durante mucho tiempo fueron mi familia y compañeros de viaje.

Si lees esto por primera vez, podrí­as pensar que estoy mal de la cabeza. Que a Marte no se puede ir. No os juzgaré por ello. Yo pensé lo mismo. Así­ que seguí­ quedando con la gente para ir a la montaña. O para jugar a pádel. Incluso a veces, para intercambiar charlas en inglés. Un vez ya me volví­ loco perdido y decidí­ ir a comer una paella en la Barceloneta con gente que no conocí­a de nada.

Si os soy sincero, son actividades que me sientan bien. Pero un dí­a me sentí­ como estancado.

El caso es que con el paso del tiempo me empecé a aburrir y un dí­a volví­ a leer el anuncio de la persona que buscaba amigos para ir a Marte. Y le escribí­. Oye mira, quiero ir a Marte contigo. Muy bien, me contestó, pero hay que organizarlo, para eso he creado el grupo. Muy bien, quedemos para organizar el viaje a Marte.

El primer dí­a no entendí­a nada. Solo que necesitábamos una nave. í‰ramos 6 en el grupo. Marta, una chica joven que se querí­a independizar, Manuel, un comercial jubilado, Bárbara, una cajera del Mercadona, Antonio, gestor, Ví­ctor, el creador del grupo y yo. Ví­ctor habí­a trabajado toda la vida en la Seat. Decí­a que la nave no era problema, que él tení­a las piezas. Las habí­a ido sacando durante años de la fábrica de Martorell sin que nadie se diera cuenta. La chapa principal rezaba “Seat León”.

Fuimos quedando durante semanas y meses. Planeábamos el viaje, la comida, el clima, el tema de la reproducción de nuestra propia especie, el sistema de gobierno una vez allí­, etc, ..Ví­ctor planeaba congelar miles de bocadillos para los primeros meses. Decí­a que una vez se descongelaban sabí­an a panaderí­a.

Cuando lo tuvimos todo organizado ya éramos una comunidad de más de 200 personas. Tení­amos fecha de partida y de llegada .Así­ que se me ocurrió preguntar: ¿Una vez allí­, qué haremos después de trabajar?. La mayorí­a de las respuestas coincidí­an. Podemos jugar a pádel, o ir a la montaña, o a la Marteneta a comer paella. Me levanté y me volví­ a mi pequeño grupo donde contamos estrellas. Nunca más supe nada de ellos.



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