Cultura Barcelona  26 may 2021 Menu usuario

La Ceguera

La primera vez él la vio. Estaba sentada en primera fila, en aquel garaje verde por el que apenas la luz entra por una ventana diminuta tras el cual hay plantado un extraño árbol que no sabemos si da peras o manzanas. Su cara estaba agotada y su cuerpo se dejaba caer sobre una silla, como lo hací­an las lágrimas por su mejilla cada vez que intentaba hablar. A pesar de ser solo la sombra de algo que está por ser o venir, él aquel dí­a la vio. Y se acuerda de ello.

Meses más tarde, apareció en una pantalla. Y aquel dí­a, él la volvió a ver. Su rostro tení­a más color que aquella última vez, y en la pantalla entraba más luz que en aquel viejo garaje.

Dí­as después, se vieron por primera vez porque un dí­a ella ya sí­, le vio a él. Y empezaron a verse a menudo. A diario. Se veí­an porque verte con alguien es fácil si tienes los ojos suficientes. Así­ que juntaron sus ojos, plantaron el árbol en una casa común, y a esa casa les gustaba ir a merendar lo que aquello daba.

Pasaron dí­as, semanas y meses. Y él veí­a como en ella iba creciendo la luz. No hay nada más hermoso cuando quieres a alguien que ver cómo va encendiendo por sí­ mismo su propia luz y tú estás ahí­ para verlo. Y eso se convierte en un secreto que no quieres compartir ni que se sepa.

Pero al cabo de un tiempo esa luz, empezó a apagar la suya. Y él ya no solo la veí­a. La miraba también. Entonces notó que ella no le miraba a él. Los ojos se separaban. Cuando los ojos entre dos personas se separan, llega la ceguera. Y por primera vez en su vida, él no quiso quedarse ciego. Así­ que dejó de verla para no mirarla más.



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Rubén Martín En este caso, no pudo ser. Pero sí­.
10/06/2021








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