El poeta trabaja la palabra
escribe un verso, lo mide,
rompe papeles, se levanta,
camina lentamente hacia el retrete,
se baja la bragueta,
mea sobre todos los demonios,
mira el amarillento chorro
que se pierde en la ceramica infectuosa
y regresa cabizbajo y roto
con su mansedumbre de cuervo desplumado.
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Uno escribe -es un decir-, escribe sobre un hombre invisible, escribe sobre sus intimas escaleras, escribe amor, escribe muerte, el murmullo del mar, un domingo, ven, acércate a mi lado, cuenta conmigo.
Uno busca un café en las ramblas, deshacer la torpeza del último adios, tratando de sobreponerse al cansancio de las viejas metáforas, ahondando en los agujeros de la memoria, inmerso en un vertedero de crueles ternuras.
Por eso escribo. Por triste, por cobarde, porque estoy distante de las temperaturas que amo -o que sencillamente no poseo-, por ganas de vivir, por la sed de las extenuaciones, porque la miseria no ha desaparecido. Estos son mis pequeños motivos.
Decia el maestro Borges " El poeta ejerce lo que jamás alcanza"
Por suerte, yo no soy poeta y quizás algíun día será el Día.