Cultura Barcelona  22 mar 2015 Menu usuario

A veces pienso que corremos cuando hace viento.

A veces pienso que corremos cuando hace viento. Y el cuerpo te admite ese margen de velocidad que sabes dispones. Y en esa franja vives intensamente cada momento mientras aprietas el acelerador y miras lo que sea y cada segundo es toda una vida. Que magia tienen las palabras que te ponen en en el lugar donde nada te pone en la vida. En un callejón donde se cruzan caminos, no hay escondites para las excusas; la velocidad no importa, correr no conduce a nada, así que mejor mirarlo de frente y seguir. A cada paso, en cada momento, el corazón se acelera y la muerte parece una tonteria. Aceptar la derrota creer la transcendencia, entender la soledad, hablar con la nada, mirar la incomprensión, sentarte ante la vida y ver como la velocidad se convierte en el viento que te acaricia como una brisa mientras el Sol esconde su preponderacia. O sea, que se hace de noche y en la oscuridad se protejen los cobardes...



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